La Brigada Halcón se reunió, como cada año, en la
finca del coronel Bragg, cerca de Sussex. De los treinta y cinco aviadores de la R.A .F. que la formaban en
1943, trece murieron en combate y de los veintidós restantes, los años
transcurridos se llevaron a veinte, por lo que este año la reunión anual de Los
Halcones se vería reducida a dos excombatientes: el coronel Bragg y Bill
Brandford, teniente en sus tiempos de guerra y hábil funcionario del Foreign Office
hasta su jubilación.
Los dos viejos pilotos rememoraron en su charla a
los compañeros que se fueron y brindaron a su recuerdo. Mrs. Bragg les sirvió
el almuerzo en el porche, dejando miradas y sonrisas melancólicas que sólo el
teniente Brandford recogía y comprendía.
Cuando la triste reunión terminaba, la mujer del
coronel cortó una rosa de su cuidado jardín y se la dio como despedida al
teniente. Él, cuando subió al tren, besaba despaciosamente la flor que Enma le
había regalado.
Enma.
Ese era el nombre de la mujer que más le amó y a
la que más había amado. Y a la que más seguía amando.
Por siempre.
Enma…

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