Dos águilas de cabeza blanca enfrentadas ante los
conocidos picachos de Monument Valley bajo un abrumador sol de verano. Así era
el tatuaje que estaba a punto de terminar y con el que pensaba ganar el
concurso.
Una vez acabado el trabajo, tatuado y tatuador
montaron sus viejas Harleys y pusieron rumbo a Tucson, Arizona, por la
autopista 61.
El artista se llamaba Skip Hogan y el amigo que
ponía la piel de su espalda como un lienzo vivo a su servicio, Lenny Sims.
A medio camino, en Little Rock, dieron cuenta de
media docena de cervezas y dos suculentos filetes. De paso, les reventaron la
cara a golpes a dos camioneros de Virginia que osaron burlarse del cuerpo
tatuado de Lenny.
Antes de llegar a Tucson, fumaron la mariguana que
les quedaba y compraron una botella de Jack Daniel’s en un drugstore de las
afueras.
El concurso fue televisado por la cadena local y,
por supuesto, ganaron el primer premio, gratificado con diez mil dólares. La
noche se presentaba eufórica.
De madrugada, Skip y Lenny
estacionaron sus motocicletas frente al motel Dugan’s. Dos chicas apuraban sus
cigarrillos en el porche contiguo al bungalow que habían alquilado. Ellas les
sonrieron, sobre todo al observar que, cuando se metían en la habitación, Skip
acariciaba el culo de Jenny mientras éste abría su boca e introducía la lengua
en la boca de Skip.

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