sábado, 21 de marzo de 2015

79. Abejas


Dentro del enjambre en vuelo, una abeja como yo se siente segura, aunque no sepa bien hacia dónde se dirige el numeroso y compacto grupo. Seremos más o menos unas setecientas. Mis compañeras más cercanas tampoco conocen nuestro destino, pero el conjunto, el enjambre en sí funciona con determinación y autonomía, valedor de un secreto que sus partes desconocen.

Salimos del panal hace dos horas, hemos cruzado campos de amapolas, hemos oteado arbustos de lavanda, de genista, de genciana, flores de romero, pero no nos detenemos a libar su polen ni a descansar entre los acogedores pétalos y pistilos, persistimos en un vuelo juguetón y rasante dejando abandonadas las miles de flores de esta restallante primavera de aromas y colores.

Allá abajo distingo las figuras de un hombre y un niño que con su manita nos señala alborozado y algo temeroso, mientras que con la otra se agarra a la pernera del pantalón de su padre.

Tras este encuentro fortuito giramos y todas nos volvemos al panal.

Yo no sé si los seres vivos somos protagonistas de nuestras vidas, lo que sí sé desde hoy es que, a veces, formamos sólo parte del decorado de la vida de los demás, y este pensamiento, no sé por qué, me hace sentirme bien, me hace sentirme útil, sabia y feliz.





No hay comentarios:

Publicar un comentario