domingo, 22 de marzo de 2015

82. Espejos


Esto de los espejos está empezando a ser aburrido.

Una vez vencido el espanto de las primeras apariciones, la curiosidad posterior satisfecha y el simple divertimento que le sigue conseguido, deja de ser un suceso ameno y alcanza rápidamente la monotonía.

Me asomo cada mañana al espejo para afeitarme y ¡zas!, allí está el rostro correspondiente al día de hoy, con vigencia exacta de veinticuatro horas, hasta que mañana lo releve el siguiente personaje conocido o desconocido, de aspecto hermoso o atroz, con semblante sano o enfermizo, con mirada aviesa o bondadosa, sonriente o enojado.

No sé si son símbolos o proyecciones humanas de mis diferentes estados anímicos, si son simples alucinaciones de una esquizofrenia limitada, si son certeros fantasmas, verdaderos sucesos paranormales o qué sé yo, el caso es que ya me aburren.

Veamos cuál es hoy mi reflejo. ¡Qué frío hace hoy en el pasillo, caramba!

¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡No!

¿Qué está sucediendo? ¿Por qué no hay nadie? ¿Dónde están todos? ¿Por qué no veo ni siquiera mi reflejo? ¿Por qué se nubla todo? ¿Y este frío que siento en mi interior?
¡Dios! ¡Dios! ¡Ayúdame! ¡Ayúdenme!

¡Tengo frío!

Tengo mucho frío.





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