domingo, 1 de marzo de 2015

65. Turistas


Aquel turista era diferente. Aunque se notaba de lejos que era forastero, conversaba con los lugareños de manera muy familiar y no fotografiaba los monumentos típicos, sino rincones y parajes oscuros de jardines abandonados o callejuelas sucias y sin vida. Se desgajaba continuamente del grupo y, a veces, tenían que esperarle para poder continuar la visita por nuestro pueblo.

A los cien metros de emprender el camino de regreso hizo parar el autocar y se bajó con una pequeña mochila a la espalda. Desde entonces nunca volvió a salir del pueblo, y ya iría para veinte años.

Pero un día, no hace mucho, se fue a la hora de la siesta, sin decir adiós.

Ahora ya no vienen turistas. La nueva autovía dejó de lado al pueblo y la estación de tren la quitaron. Los jóvenes se van y el pueblo muere poco a poco.

Ayer descubrimos que el turista no se fue. Yacía muerto cerca del vertedero. Le habían robado su cámara de fotos, la cartera y, de paso, le habían dejado dos cuchilladas en el pecho.


Se nos acabó el poco amor que quedaba en el pueblo. Y sin amor, lo mejor es marcharse, a casa de una hermana en la ciudad, por ejemplo, desde donde esto escribo.





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