sábado, 31 de enero de 2015

35. El regreso


Y los héroes se dispersaron por la tierra después de la batalla. Muchos quedaron para alimento de los buitres, pero aquellos a los que los dioses protegieron, siguieron invictos el camino de los vencedores.

Al llegar a sus casas pulieron los metales de guerra, engrasaron sus armas y las cubrieron con mantas de lana protectora...

Sus mujeres enjugaron sus heridas con ungüentos de plantas medicinales, y restañaron sus crudos recuerdos con danzas melodiosas y caricias.

Comieron, durmieron y rieron con sus hijos.


En otras tierras, aquellas a donde llegaron los guerreros vencidos, se observó la misma escena, pero en muchas casas tan sólo se pudo constatar la presencia de caras de niños y mujeres con la sorpresa oscura de la decepción en sus rostros, y el golpe seco que la ausencia amarga deja en las almas.





34. La gota


El sudor me delata.

Domino todos mis músculos, su tensión; todos mis movimientos, naturales y relajados; todos mis gestos, precisos y elegantes; hasta el pulso, firme como el de un muerto.

Pero esta ridícula gota de sudor no se complace en discurrir por mi espina dorsal, no: ¡ha de hacerlo sobre el dorso de mi nariz hasta quedar colgando de la punta como la última y renuente gota del grifo que ya dejó de gotear!

Y allí se mantiene con un vaivén diminuto y rítmico, cosquilleante.

¿Cómo hacer para quitarme la maldita gota que ya empieza a ser visible, a convertirse en centro de atención de todas las miradas?

Mi apostura, mi aplomo, la seguridad que mi conducta corporal denota eran mi salvación, pero no contaba con esta pequeña concreción húmeda en mi nariz que acabará con toda mi estrategia, con la esperanza para que el jurado falle un veredicto de inocencia.

Si al menos me hubieran esposado con las manos hacia delante...





viernes, 30 de enero de 2015

33. Agencia de viajes


Siempre programando para los demás viajes y cruceros que él nunca realizará. En la agencia de viajes se gana poco, lo justo para vivir, y eso con cierta prudencia en los gastos.

Su afán de conocer mundo lo lleva a la idea de la aventura como impulso vital. Se nace para descubrir, conocer y dominar. Experimentar en uno mismo el latido de lo desconocido, la atracción de lo diferente, la fascinación del mundo diverso. Pero ¿cómo dar el salto en el vacío? ¿Cómo decidirse a abandonarlo todo en aras del misterio?

Recupera el sentido y le entrega el folleto de vacaciones a la simpática señorita que está atendiendo.

Fuma un cigarrillo. Lo apaga con brusquedad. Coge su chaqueta y sale precipitadamente de la agencia. Alcanza a la chica. La rodea con el brazo, la vuelve hacia sí y la besa violenta, apasionadamente. Ella, aunque confundida, perpleja, responde dejándose llevar por el beso.

A él le desaparecen las ganas de viajar.

Quizás para siempre.





32. El médico


Cuando vio las sillas de la sala de espera del consultorio vacías, respiró profundamente, recogió el maletín y se fue a casa. Al llegar, su mujer dormía en la mecedora, balanceándose tenuemente al compás de una música minúscula e insonora. Se sentó en el pequeño escabel que estaba frente a ella y pasó la siguiente media hora mirándola, con el arrobo infinito de la veneración, temblando un poco, con lágrimas que se aferraban a sus ojos sin derramarse nunca, también sonriendo en un gesto de ternura ardorosa. Luego se levantó y acercó los labios a su frente. Ella despertó. Con mirada de furia le afrentó: “¡Viejo de mierda, quita tu asquerosa boca de mi cara, no vuelvas a tocarme aprovechándote que duermo! Él bajó sumiso la mirada y se dirigió a la cocina. Preparó la cena, la comieron en silencio, vieron un rato la televisión y se acostaron. Hoy era su cumpleaños, sesenta y cinco años. Mañana comenzaba su jubilación.





jueves, 29 de enero de 2015

31. Miradas y sonrisas


El camarero me miró con mala cara. Yo me hallaba con un ánimo alegre y a él parecía no gustarle demasiado el clima, o su trabajo, o qué sé yo.

Cuando nos dispararon a los dos hubo una fracción de segundo en que volvimos a intercambiar una mirada, la suya de asombro, la mía de tristeza.

Siempre me pongo triste cuando me disparan.

He vuelto a tener suerte. El camarero malhumorado también. Estamos hospitalizados en la misma habitación y hemos tenido que responder a un montón de preguntas.

Era a mí a quien buscaban.

No nos hemos dirigido la palabra, aunque sí nos hemos mirado fugazmente en algún momento.

Él está con un ánimo alegre, y a mí ya me está cansando el clima de esta ciudad, y mi trabajo ya no me llena de satisfacción como cuando era joven.

Sigo sin comprender la sonrisa estúpida de este camarero.





martes, 27 de enero de 2015

30. Polítca


Y si ella llegara a ser elegida, tampoco se lo voy a echar en cara. Al fin y al cabo es compañera de partido y cada cual lucha por su cuota de poder y su desarrollo personal y político fuera y dentro de esta sociedad competitiva y cruel. Si ella jugó sucio y consiguió su nominación, vejándome en el comité con aquellas cartas y fotos comprometedoras, he de reconocer que yo hubiera hecho algo similar, si no peor. Nadie dijo que la política era campo limpio de rastrojos. Luchamos como bárbaros en pos del poder que nos redima de serlo. Por eso no debe importarme ni sonrojarme que sea mi madre la que ha pisoteado mi prometedor futuro en el partido; debo, por el contrario, sentirme orgulloso de su zarpazo demoledor, de poder sentirme reflejado en su elegante ignominia y de saber que su sangre o la mía no se ha derramado en balde. 





29. Espías


Las gafas no dejaban ver sus ojos. Nunca se las quitaba. Eran oscuras y tan ahumadas que resultaba difícil imaginar cómo podía desenvolverse en lugares que no estuvieran a plena luz del día. Sospechábamos que tenía un defecto, un desagradable estrabismo o alguna falta de simetría orbitaria, daba igual, ninguna de nosotras podía asegurarlo. El día que por un accidente fortuito (¿existirá alguno que no lo sea?) contemplamos su rostro al completo, quedamos absolutamente maravilladas. Porque nunca imaginamos que hubiera en el mundo unos ojos de un violeta tan intenso en un hombre; porque tal expresión en la mirada declaraba a todas luces que aquel hombre no sólo era único, era un semidiós de mirada olímpica, celestial. Sabemos que las mariposas no debemos introducirnos en los hogares, que estamos hechas para el campo, pero algunas compañeras y yo nos aventuramos a través de las floreadas cortinas para espiar al hombre de las lentes ahumadas, al hombre del bastoncito blanco y largo que golpeaba un poquito todas las cosas que le salían al paso, cuando caminaba de camino al parque o del parque a aquella casa, la de las ventanas con las cortinas de flores tan bonitas.





domingo, 25 de enero de 2015

28. Sam


El granero estaba ardiendo desde hacía varias horas y ya nada se podría salvar. Un año de trabajo convertido en una nube de humo negro. Sam miraba casi sin aprensión. Era como si el fuego hubiera transmutado también en humo sus sentimientos.

Al final, todo acaba desapareciendo.

Sería su primera cosecha de maíz desde que, gracias a aquel blanco alto y de barba recortada, le fue otorgada la libertad y un pedazo de tierra que cultivar. Hubiera sido mejor continuar de esclavo, al menos comía todos los días.

Pero Sam seguía sin sentimientos, incluso cuando vio acercarse a su alrededor, estrechando el círculo del que él era su centro, a unos hombres con túnicas y capuchas blancas que blandían antorchas y varas de hierro.

Al final, qué gran verdad, todo acaba desapareciendo.





sábado, 24 de enero de 2015

27. Contradicciones


Hoy de mañana, y como todos los días, viene un cuervo blanco como el carbón a posarse en el quicio de mi ventana.

Hoy, como siempre, un frío abrasador como un sol nocturno calienta mi cara y mis jóvenes manos de viejo decrépito.

Hoy me siento feliz como cualquier interno del corredor de la muerte, y amo a mis congéneres con un odio fiero y angelical.

Me abandono en esta otoñal mañana de primavera, arrastrado por la violenta brisa del Norte que, en el Sur septentrional, es blanda como el pedernal y lóbrega como un palacio de cristal.

Hoy, como primer día de mi nueva vida sin medicación, avanzo en el acuerdo personal de la suma aceptación del yo, de mi yo, y como primer paso, acepto plenamente todas y cada una de mis contradicciones, y las contradicciones de la vida.

Es por ello por lo que me dispongo a matar al cartero.





26. Caimanes


Los caimanes de los Evergreen son los más fieros del mundo.

Uno de ellos acabó con la vida de una anaconda de once metros que días antes había aprisionado, hasta el último suspiro, a un jabalí viejo y fibroso como un tocón de madera.

Fue éste el jabalí que hirió de gravedad al furtivo Ethan Jacobs, que dejó entre las fauces del animal gran parte de su nariz y el labio superior, cuando éste le dio alcance al caer Ethan en su despavorida huída.

Por entonces, Ethan ya había cobrado la recompensa que ofrecían por la captura de los dos negros escapados de la granja de los Sandman.

Es cierto que ambos esclavos violaron y mataron a la sobrina del menor de los Sandman, Burl.

Fue por esa razón por la que fueron arrojados vivos, y atados el uno al otro, al pantano, a ese que llaman Caiman’s Bog, en medio de los Evergreen.





viernes, 23 de enero de 2015

25. Un japonés


El soldado japonés siguió con la mirada a su comandante que, con precisión castrense, diseñaba en el plano la estrategia del regimiento en el que él estaba y que debía acometer la misión suicida que, si todo salía como el comandante esperaba, acabaría facilitando el feliz desembarco de las tropas niponas en las playas de aquella isla señalada al sur de Okinawa, de importancia capital para cambiar el signo de derrota que iba tomando la guerra para su ejército.

Gran honor sin duda morir por tu patria, morir por unos ideales, por un modo de vida, por una cultura, por un modo de sociedad fuera de todo vasallaje, por la libertad de someterse a aquellos que deciden el fin de tu existencia.

Por todo ello fue por lo que la noche señalada, un japonés intrépido atravesó veloz la neblina que ocultaba en parte las alambradas de las líneas enemigas gritando con palabras incomprensibles su rendición incondicional.

Hoy, a sus noventa años, apacienta en un pueblito al sur de Milwaukee un muy notable rebaño de nietos.





jueves, 22 de enero de 2015

24. Felipe


No siempre Felipe tenía cosas que decir. Y eso le preocupaba. Era como si se quedara de pronto y para siempre vacío, sin nada que expresar, sin nada que comunicar a los demás que, por otra parte, parecían no reparar en la situación en que Felipe se hallaba. A ellos no les alteraba su estado de ánimo, su silencio. Pasaban a su lado, estaban con él como siempre habían estado, pero no sufrían por la ausencia pasajera de contacto verbal con él. Un día Felipe empezó a decir las mismas frases educadas y anodinas que escuchaba a diario a los demás. Eso le mejoró su estado de ansiedad considerablemente, aunque nunca alcanzó a comprender la tendencia que adquirió a partir de entonces a comprarse trajes grises en días grises de grises nubarrones.