El granero
estaba ardiendo desde hacía varias horas y ya nada se podría salvar. Un año de
trabajo convertido en una nube de humo negro. Sam miraba casi sin aprensión.
Era como si el fuego hubiera transmutado también en humo sus sentimientos.
Al final, todo
acaba desapareciendo.
Sería su
primera cosecha de maíz desde que, gracias a aquel blanco alto y de barba
recortada, le fue otorgada la libertad y un pedazo de tierra que cultivar.
Hubiera sido mejor continuar de esclavo, al menos comía todos los días.
Pero Sam
seguía sin sentimientos, incluso cuando vio acercarse a su alrededor,
estrechando el círculo del que él era su centro, a unos hombres con túnicas y
capuchas blancas que blandían antorchas y varas de hierro.
Al final, qué gran verdad, todo acaba
desapareciendo.

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