Resulta que la incógnita es muy inferior de lo que
se esperaría de un planteamiento tan complicado y tan perfecto en cuanto a su
diseño matemático. Inferior en cuanto a categoría. Es decir, la incógnita a
despejar de una ecuación tan sobrecogedora como ésta ha de estar a la altura de
sus premisas lógicas. Dar con la formulación exacta ha costado diez años de
ímprobos esfuerzos para que al final x sea igual a 1.
Es absolutamente frustrante.

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