Lograr un
híbrido de una petunia es técnicamente fácil, polinizando la petunia receptora,
esperando su nueva floración, cultivando la semilla y esperando los resultados
con la expectación propia en estos casos.
Pero la
Dra. Joanna Mesmer pretendía obtener un
híbrido de petunia con la sola fuerza de su mirada y la energía de su corazón.
Preparada
concienzudamente se determinó a realizar la experiencia definitiva el día
siguiente, al alba, en las mejores condiciones atmosféricas y anímicas
posibles.
En aquella
blanca petunia convergieron dos fuerzas provenientes una del mar profundo y
azul de los ojos y otra del enérgico músculo cardiaco de la audaz
investigadora.
Transcurrieron
dos horas antes que Joanna sucumbiera desmayada por el esfuerzo sobrehumano.
La experiencia
había sido un rotundo fracaso.

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