miércoles, 18 de febrero de 2015

54. Historia de una monja


Sor Inés de la Concepción no se llamaba así. Su nombre era Ngunde Wani y nació hace veintiocho años en Kenia. Se ordenó a los veintidós y fue enviada a un convento de la vieja Europa, para evitarle los peligros de una guerra civil cerca del poblado donde trabajaba.

Cuando los nazis entraron en la ciudad, arrasaron las iglesias y mataron a muchos religiosos. Ella escapó a través de los bosques y se escondió durante semanas en oscuras oquedades, comió lo que cazaba y bebió agua del río. Fue entonces cuando comenzó a oír las voces sincopadas y familiares de sus antiguos dioses, y no pudo sino hacer con barro dos figurillas semi-humanas y adorarlas y salmodiarlas en su lengua dulce y melodiosa.


Al acabar la contienda mundial, cerca de la frontera entre Francia y Bélgica, en lo que se llamaría la Línea Maginot, empezó a correr la leyenda de la ninfa negra del bosque. Muchos campesinos decían haberla visto. Hablaban de una mujer de ébano, casi desnuda, provista de una especie de lanza hecha con una rama de árbol, que corría y gritaba y lanzaba puñados de tierra al aire en una especie de aquelarre místico y pagano desenfreno.





No hay comentarios:

Publicar un comentario