domingo, 15 de febrero de 2015

52. Venus


No serían las siete y media de la mañana cuando entré al bar de carretera. Destacaban al fondo de la barra tres chicas muy guapas y desenfadadas que reían, fumaban y desentonaban por igual en aquel lugar, donde camioneros y viajantes de comercio paraban a desayunar o a comer al mediodía.

Los hombres en la barra hacían como que no miraban en dirección a donde ellas estaban, pero a todos nos ardía una pequeña cerilla en el estómago y todos deseábamos en nuestra imaginación un acercamiento fortuito y erótico hacia aquel enjambre de cuerpos y colores y sonidos femeninos.

Cuando pagaron y salieron sin mirar a nadie, una de ellas regresó al momento a recoger su móvil olvidado. La abeja sola ya no reía, sus facciones delataban que sentía algo de miedo en aquel panal lleno de zánganos libidinosos. Con torpeza abrió su bolso, guardó el móvil y huyó en dirección a su grupo con excesiva rapidez.

Un aire de relajación inundó el ámbito del bar, incluso se oyeron algunos comentarios y carcajadas.

Con el último sorbo de café seguí mi camino, con la certeza de que la guerra de Venus seguía asolando a la humanidad en cada esquina.





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