“A
mi marido le pasa igual, Maribel, en cuanto me ve en la cocina con el delantal,
no sé qué le entra que me agarra por detrás y que quiere que lo hagamos en ese
momento, incluso allí mismo. Le tengo prohibido que entre en la cocina. Yo
pensaba que tras el accidente no iba a estar siempre con tanto ímpetu. Cuando
voy a ponerle flores y a adecentar un poco el mármol de su tumba se lo digo, aunque,
claro está, con buenas palabras. A mí me gusta hacerlo por la mañana, sobre
todo los domingos, que tenemos todo el tiempo que queramos. Cuando él viene, de
tarde en tarde, al cementerio (por cierto, que cada vez viene menos) le digo lo
de los domingos y lo de la cocina, a ver si alguna vez me da gusto. Pero está
poco rato, deja el ramo de margaritas sobre mi lápida y se va cabizbajo. A
veces, Maribel, creo que tenemos caracteres demasiado diferentes, pero en el
fondo lo quiero muchísimo y lo he querido siempre. Por cierto que nunca me has
dicho qué hacías tu con él en el coche el día del accidente”.

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