domingo, 15 de febrero de 2015

53. El último billete


Se metió el segundo pico del día. Le costó la vida punzar la vena que alambreaba por su antebrazo. Dormitando el sueño narcótico se despreocupó de las ratas que hurgaban la bolsa de basura a sus pies. A las dos horas se levantó y compartió dos litronas calientes con los colegas y un polvo frío con una yonqui forastera.

Cada doce horas sentía el arañazo compulsivo del deseo insatisfecho en su cabeza y en su vientre. El último billete para la última dosis y después, ¿qué?, después nada, absolutamente nada. ¿Qué puede haber después del cielo? Nada. Si había que matar para conseguir heroína, se mataba. La única vía de salida para un enfermo terminal como él era romper con toda atadura moral.

Dios no existe, pero el cielo sí.

La última imagen que le quedó grabada en la retina fue la figura de espaldas de la yonqui forastera que, tras degollarlo con un cúter de oreja a oreja, le robó el último billete, aquel con destino a los paraísos celestiales.





No hay comentarios:

Publicar un comentario