miércoles, 11 de febrero de 2015

47. Paracaídas


Era mi primer salto. La altura, correcta; el equipo, exhaustivamente revisado; el viento, óptimo; y los ánimos, en su cima de excitación.

A los veinte segundos de haber saltado del avión sujeté con fuerza la anilla de apertura del paracaídas para tirar de ella.

En ese instante algo cruzó por mi mente, algo que me impedía tirar de la anilla.

Los segundos pasaban y la distancia que faltaba para llegar a tierra se iba acortando velozmente.

Pero yo no accionaba el mecanismo de apertura.

Comencé realmente a disfrutar. Comencé realmente a valorar cada fracción de tiempo de mi vida, a vivirla en plenitud. La inminencia del impacto me hacía beber hasta la última gota el cáliz de la efímera existencia.

No obstante, antes del límite, accioné el mecanismo y el paracaídas se abrió.

Después vino el aterrizaje en medio de aquella carretera comarcal, justo en el momento en que circulaba por ella el tractor que pasó sobre mi columna vertebral, quebrándola, y dejándome con esta paraplejia irreversible para el resto de mi vida...

Inmóvil...

Desesperado...


Y sumamente enfadado con el devenir de las cosas...





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