El
psicoterapéuta miró su reloj.
- Una cita más
y se acabó por hoy, se dijo.
Sonia, menuda
y asustadiza, se sentó frente a él. Al instante rompió en sollozos. Su novio la
había humillado, vejado y abandonado para irse con su mejor amiga. El mundo y
la vida habían acabado para ella. Lo ratificaría esta misma noche con dos
frascos de barbitúricos si Juan no lograba convencerla de lo contrario.
Juan era un
buen profesional y sabía que podía ayudar a Sonia a no dar tan terrible paso.
A las dos
horas, ella abandonaba la consulta con un proyecto y una esperanza de vida muy
diferentes del caos emocional en que se encontraba a la llegada.
Juan, por el
contrario, estaba algo confuso por el retraso.
Había
programado matar a su mujer a las 22 horas, y eran las 22.15 cuando salía de la
consulta.
El trabajo le
absorbía demasiado.
Su mujer se lo
decía siempre.

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