sábado, 7 de febrero de 2015

38. Vocación



El psicoterapéuta miró su reloj.

- Una cita más y se acabó por hoy, se dijo.

Sonia, menuda y asustadiza, se sentó frente a él. Al instante rompió en sollozos. Su novio la había humillado, vejado y abandonado para irse con su mejor amiga. El mundo y la vida habían acabado para ella. Lo ratificaría esta misma noche con dos frascos de barbitúricos si Juan no lograba convencerla de lo contrario.

Juan era un buen profesional y sabía que podía ayudar a Sonia a no dar tan terrible paso.

A las dos horas, ella abandonaba la consulta con un proyecto y una esperanza de vida muy diferentes del caos emocional en que se encontraba a la llegada.

Juan, por el contrario, estaba algo confuso por el retraso.

Había programado matar a su mujer a las 22 horas, y eran las 22.15 cuando salía de la consulta.

El trabajo le absorbía demasiado.

Su mujer se lo decía siempre.









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