Hoy he dormido
profundamente, como hacía tiempo que no lo hacía. Durante seis horas no he
estado en este mundo. Me he despertado descansado y, aunque me he convertido en
un escarabajo, no me alarmo, porque debe ser algo natural, quizás mañana me
despierte convertido en un escritor que escribe cuentos sobre hombres que
despiertan convertidos en escarabajos, o despierte convertido en un hombre que
lee cuentos sobre hombres que amanecen convertidos en escritores que escriben
cuentos sobre hombres que se convierten en escarabajos. En realidad es la misma
cosa e importa lo mismo. Es la magia de enfrentar el mundo cada mañana lo que
debe perdurar sin alteraciones. Resucitamos cada mañana de la muerte del sueño.
Nos reencarnamos cada día en otra presencia, aunque imaginamos que somos los
mismos escarabajos, los mismos hombres, las mismas cornucopias de la casa
solariega de los abuelos.

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