lunes, 9 de febrero de 2015

42. Trabajo y revolución


El abanderado lucía orgulloso el estandarte al frente del pelotón de obreros.

Frente a él, y a caballo, con su impecable uniforme, desenvainaba la espada el capitán de la guardia de asalto.

Ambos grupos se detuvieron a corta distancia, se escudriñaron, y al grito del abanderado, se arrojaron violentamente los unos sobre los otros.

Muy lejos de allí, una operaria de una fábrica textil, tintaba en rojo una pieza de paño que sería utilizada para la confección de banderas o gallardetes.

Otro obrero, también lejos, doblegaba al fuego la ígnea lámina de acero con la que se manufacturaban bellas espadas para el ejército.

Es bonito saber que tu trabajo tiene un porqué, una utilidad para la sociedad.

Por ejemplo, reconforta al empleado de limpieza del ayuntamiento retirar con su escobón los feos regueros de sangre que deja sobre la nieve el mantenimiento del orden público.

Así queda todo como si nada, todo limpio y todo en orden.





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