El abanderado
lucía orgulloso el estandarte al frente del pelotón de obreros.
Frente a él, y
a caballo, con su impecable uniforme, desenvainaba la espada el capitán de la
guardia de asalto.
Ambos grupos
se detuvieron a corta distancia, se escudriñaron, y al grito del abanderado, se
arrojaron violentamente los unos sobre los otros.
Muy lejos de
allí, una operaria de una fábrica textil, tintaba en rojo una pieza de paño que
sería utilizada para la confección de banderas o gallardetes.
Otro obrero,
también lejos, doblegaba al fuego la ígnea lámina de acero con la que se
manufacturaban bellas espadas para el ejército.
Es bonito
saber que tu trabajo tiene un porqué, una utilidad para la sociedad.
Por ejemplo,
reconforta al empleado de limpieza del ayuntamiento retirar con su escobón los
feos regueros de sangre que deja sobre la nieve el mantenimiento del orden
público.
Así queda todo como si nada,
todo limpio y todo en orden.

No hay comentarios:
Publicar un comentario