De los treinta
y nueve que salieron en la patera, sólo llegaron dos, una mujer mayor, casi una
anciana, del Senegal y él, del sur de Marruecos, con más de cincuenta años a
sus espaldas.
La libertad es
patrimonio y derecho de todos, no sólo de los jóvenes, pensaba antes de
embarcarse en la trágica aventura.
Las aguas del
estrecho devoraron la vida de casi todos sus compañeros. No conocía a ninguno
de ellos, tampoco ninguno de ellos había intentado escapar con anterioridad, a
excepción de la anciana senegalesa y él mismo que, no sólo lo intentaron, sino
que lo consiguieron hacía cerca de cuarenta años, hacia 2004.
Ahora, casi
medio siglo después obtenían la libertad por segunda vez en sus vidas haciendo
el viaje inverso, de Almería a Marruecos.
La vieja
Europa, incendiada una vez más de odios, se deshace entre el fascismo
demoledor, la hambruna, el dolor y la miseria. Sólo unos pocos consiguen burlar
las fronteras y escapar a través de los poros del terror hacia el continente
africano, sólo algunos consiguen llegar a ese lugar oscuro, ancestral y libre de
donde el hombre surgió y a donde el hombre desea regresar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario