viernes, 20 de febrero de 2015

58. El cuervo y la paloma


Érase una vez un cuervo blanco y una paloma negra que, muy tristes, se contemplaban en las aguas de un remanso del río.

No querían que la imagen reflejada fuera así.

Descontentos, volaban muy bajo y sin mirar, avergonzados, a las demás aves del campo. Los cuervos que los sobrevolaban con su altiva negritud y las palomas que lo mismo hacían con su etérea blancura dejaban caer sus risas burlonas sobre las alas de la atribulada pareja que, escondiéndose en el bosque, dormitaban sus complejos en las sombras del follaje.

“Yo no quisiera ser así”, decía el cuervo.

“Yo tampoco quisiera ser como soy”, decía la paloma.

A la noche siguiente pusieron en práctica un notable y asesino plan: la paloma mató a un cuervo, y el cuervo mató a una paloma. Con sus hábiles picos desplumaron los cadáveres y se hicieron, con resina y el plumón arrancado, un bonito disfraz de cuervo, que se puso la paloma y uno de paloma que se puso el cuervo.

Durante un día fueron lo que querían ser.

Luego se suicidaron.





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