viernes, 20 de febrero de 2015

56. El circo


El payaso Jeremías daba unos divertidos volatines en sus actuaciones, hasta que un día se quebró una vértebra y ahora es el que vende las entradas en la taquilla del circo.

Bruno, el que antes las vendía, se marchó con una de las chicas, Irma, que montaba encima de los elefantes.

Jeremías lloraba por su espalda y por la pérdida de su número.

Gunga, el elefante que montaba Irma, lloraba por la marcha de Irma con Bruno.

Ambos querían vengarse: Jeremías, del destino, Gunga, de Bruno.

Pero quiso Dios que sus deseos se cruzaran.

Tan buena amistad surgió entre Jeremías y Gunga, que el elefante hacía todo lo que el antiguo payaso le pedía, y juntos diseñaron un número que les hizo célebres en los mejores circos.


Un día, de paso por una ciudad inhóspita, el circo se detuvo a descansar y en un barucho de las afueras Jeremías reconoció a Irma y al taquillero Bruno, que la chuleaba miserablemente.


Irma quiso escapar, Bruno se lo impidió con violencia y Jeremías lo mató.

Esa noche Gunga hizo el número con Irma sobre su cuello y sonrió desde la pista a Jeremías, agradecido y casi emocionado.





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