martes, 30 de diciembre de 2014

23. La novia



La novia lloraba al fin con lágrimas de desesperación. Habían brotado ya  las lágrimas del nerviosismo, las lágrimas de la rabia y las lágrimas de la amargura. El novio ya no vendría; habían pasado dos horas, tiempo más que suficiente para justificar cualquier imprevisto. La expectación por conocer al novio se fue disipando entre los invitados. Casi todo el noviazgo lo pasaron carteándose y apenas estuvieron juntos en una o dos ocasiones. Se fijó el día de la boda. Por fin la familia de ella conocería al elegido de su amor. Pero nada pudo ser. Entre las damas de honor la llevaron a casa y la arroparon de afecto en aquellos duros momentos. A los cinco días, sin embargo, despertó la despechada novia con nuevos bríos y con el ánimo ciertamente restablecido. Si aquel novio díscolo que se inventó no acudió el día señalado, el próximo, seguro que sería puntual.





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