domingo, 14 de diciembre de 2014

07. Inhumación




¡Qué cansado me encuentro!

El sol de agosto abruma demasiado para cavar y cavar y después tapar y tapar lo que se ha excavado antes.

La gente debería morirse y enterrarse siempre de noche, con el frescor dulce de la luna, bajo el aroma quieto del ciprés.

Este calor, sin embargo, es inhumano e injusto.

¡Pobre hombre! ¡Pobre enterrador!

A ver si acaba ya de una vez de arrojar sobre mi rostro la última paletada de tierra y puede ir a refrescarse y solazarse a casa con los suyos.





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