Hubo un hombre
que pasó los años de vida que le tocaron vivir contando todo aquello que tenía
a su alrededor.
Contaba las
olas que rompían en la playa a sus pies; las estrellas que adornaban sus noches
insomnes; los postes de telégrafo en sus viajes por tren; las pecas de Florita;
los suspiros de su madre; las toses de su padre...
Un día contó
las personas que conocía, y ese mismo día, al acabar de contarlas, murió de
repente.
Se le olvidó
contarse a sí mismo.
Y eso fue lo
que pasó.

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