sábado, 27 de diciembre de 2014

20. El Rey



Y el gordo bajito del mariachi, el del guitarrón, fue el más valiente de todos.

Ricardito Rey se llamaba. Reía más que respiraba y quería tanto como era querido.

Cuando llegaron los soldados se acabó la fiesta en la aldea. Tras los primeros fusilamientos dejó de oírse hasta el viento en la copa de los árboles. De madrugada empezó a retumbar el aire poco a poco, de manera sorda y rítmica. Era Ricardito Rey, que con las cuerdas del guitarrón aquietaba el canto del gallo y ponía el contrapunto a sus últimos pasos en esta vida, camino de la tapia del cementerio chiquito que dominaba la aldea desde una loma empedrada de hojarasca. Su último latido se rompió con la última nota de su guitarra, y es que Ricardito siguió siempre siendo, y hasta el final, El Rey.





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