No es prudente
seguir adelante con la demanda por injurias, le dijo el abogado al mariscal.
Sí lo sería,
continuó, si usted, Señor, cambiara de tono o de actitud ante sus subordinados,
porque ya no estamos en el campo de batalla, ya no es necesario insultar y
amenazar para lanzar a una muerte segura a jovencitos inexpertos e inocentes;
ya vivimos en un tiempo de paz en que personas como usted están llamadas a ser
los nuevos y espléndidos hijos de puta que nuestra nueva sociedad no necesita.

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