viernes, 19 de diciembre de 2014

12. Tren de cercanías



Y sonó el despertador por segunda vez.

Con rapidez se duchó, se vistió y llegó a la estación casi a punto de perder el tren.

El arma le apretaba en el vientre.

Vio al hombre.

Vio su nuca.

Y disparó.

Luego vino el aterrado clamor de los viajeros; los desmayos de los testigos; el llanto histérico de las estudiantes... Eso era lo que peor llevaba.

Él cumplía un trabajo, nada más, pero los gritos y llantos y el terror colectivo de la gente del vagón le partían los oídos por dentro y le hacían insoportable la espera hasta la siguiente estación.

No aguantaría los tres minutos que faltaban.

Ahora sí que iban a recordar aquel viaje.


Se introdujo el cañón de la pistola en la boca y...





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