El problema
fundamental es que no puedo comunicar nuestro descubrimiento sin ocultar tu
participación. Mi moral no me lo permitiría jamás, por mucho que tú insistas.
Nuestros años de tarea sin fin, las noches en vela en el laboratorio, las interminables
tardes de invierno trabajando hasta la extenuación... No puedo, no puedo
ocultar el mérito incuestionable de tu colaboración. Sería éticamente muy
reprobable que yo asumiera todo el éxito del proyecto sin tan siquiera
nombrarte.
¿Pero
cómo podría presentarme ante el comité, ante los medios diciendo que eres un
perro?

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