jueves, 25 de diciembre de 2014

18. Sebastián



Yo le rehuía ya por costumbre.

Sebastián era de esa clase de personas que, sin molestar, molestan, que inquietan con su sola presencia, sin hacer ni decir nada, así, con el simple hecho de estar cerca. Buena persona, incluso colaboradora, quizás algo servil, pero con el halo indefinible del que cae mal por naturaleza. Y lo peor era que iba dejando un sentimiento de culpa inexpresable en los demás.

Muchas veces en los periódicos aparece la noticia del hallazgo de un hombre asesinado, al que nadie consideraba capaz de tener enemigos.

Casi siempre se llaman Sebastián o algún otro nombre parecido.






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