De la pared
del frontón sale rebotada la dura pelota con tal potencia y velocidad, que
llega hasta la tribuna de personalidades y golpea en el pecho a la madre de
Gorka, el más aplaudido y añorado pelotari de Getxo, con tan mala fortuna que
la foto esmaltada del hijo muerto, enmarcada en oro y que cuelga de una cadena
de su cuello, se clava en sus magras carnes, perforando la materna aorta y
dejando, entre estertores y en un charco expansivo de sangre, a una madre
muerta con su dolor clavado muy cerca del corazón.

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