La
prioridad de lo correcto. Eso, como principio ético, como una ley moral. Así
será mi vida a partir de ahora. Seguir el código de lo naturalmente lógico,
justo y equitativo. La verdad sólo tiene un camino. Es una moneda con una cara
solamente. O con dos caras idénticas. Proseguir el modelo canónico de conducta
que lleva de la mesura a la paz interior. La corrección vital como meta y
bandera. Pero ¿cómo discernir si debo tomarme o no otra pinta de cerveza? ¿Cómo
soslayar la duda de si debo o no someterme a las expectativas que la rubia de
aquella mesa suscita en mi corazón con su mirada traviesa?

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